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¿Por qué nos ponemos malos en invierno?

  • leirefarinaslasa
  • 26 nov 2023
  • 2 Min. de lectura

Aunque el hecho de que pasar frío enferma sea una creencia generalizada y que por eso nos pongamos tantas capas en invierno, en realidad no es el frió quien nos enferma. En las estaciones más frías se juntan una serie de factores que crean el caldo de cultivo idóneo para la proliferación de virus. 



En primer lugar, ocurren una serie de cambios a nivel celular. El frío afecta al sistema inmunológico. Cuando pasamos frío, nuestras mucosas, las primeras encargadas de prevenir la entrada de virus, se deshidratan, perdiendo efectividad. Esto se debe a que los cilios de las células (estructuras vellosas de células que se encuentran en las mucosas) pierden movilidad, lo que impide que controlen el paso de microorganismos. 


Además, los interferones (un tipo de citoquinas) pierden parte de su efectividad en condiciones de frío. Estas estructuras son las principales encargadas de detectar los virus, activar la respuesta de células inmunitarias o inhibir las funciones de algunas células o detener la proliferación de determinados tipos de organismos. La pérdida de eficacia de estas sustancias debe a que son un tipo de proteína, por tanto, al cambiar las condiciones (en este caso la temperatura) se desnaturalizan. Es decir, pierden sus propiedades. 


Cabe destracar que la membrana externa de virus como el de la gripe, compuesta principalmente por lípidos, se solidifica a temperaturas frías, lo cual les permite viajar de manera más sencilla de una persona a otra. Después, con la temperatura corporal, la cubierta que se había solidificado se "derrite" y el microorganismo comienza a infectar.


También hay que tener en cuenta la importancia de la vitamina C en el sistema inmunológico. La ingesta de esta vitamina mejora el rendimiento de las células Natural Killer, la proliferación de linfocitos T, los procesos de quimiotaxis, macrófagos y neutrófilos. Es decir, en condiciones de défitit de vitamina C, el cuerpo sufre una inmunideficiencia, pues se trata de una vitamina esencial para el correcto funcionamiento de algunas de las principales células inmunitarias. 


Por último, durante el invierno pasamos más tiempo en lugares cerrados que en cualquier otra estación del año. Por lo tanto, compartimos aire y microbios con más gente, lo cual aumenta las probabilidades de infección. En conclusión, no es el frío, sino el déficit que este provoca en nuestro sistema inmunológico el que nos hace contraer gripe y resfriados. Por ello

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