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¿Islandia está en peligro?

  • leirefarinaslasa
  • 25 nov 2023
  • 3 Min. de lectura

En marzo de 2021, en Reykjanes, se produjo la primera erupción de magma en ocho siglos en la península. Lejos de tratarse de un hecho puntual, se produjeron otras dos, posteriormente. Los expertos aseguraban que se produciría una cuarta, pero al igual que las anteriores, alejada de causar riesgos para la población de Islandia. Sin embargo, a finales del pasado mes de octubre la actividad sísmica se desplazó hacia la ciudad de Grindavík, donde viven alrededor de 3.500 personas.



Los terremotos han seguido aumentando su gravedad registrando las magnitudes más altas entre los días 10 y 12 de noviembre. Esto ha traído consigo daños en carreteras, edificios y demás infraestructuras, entre las que se encuentra una fisura de 15 kilómetros. Los habitantes de la localidad han sido evacuados y desde finales de octubre se han registrado 24.000 seísmos en la península.

 

Los expertos informan de que la actividad principal se sitúa en Reykjanes, donde se ha dado una acumulación de magma, en un primer momento a unos 5 kilómetros de la superficie, que ahora ha ido aproximándose hacia el exterior a gran velocidad mediante diques (conductos tubulares con disposición subvertical que atraviesan la litosfera transportando material fundido del interior). La velocidad con la que se ha desplazado el magma preocupa a los expertos y temen que el magma entre en contacto con el agua. De ser así, se producirían columnas de ceniza y gases tóxicos que paralizarían el tráfico aéreo. Se teme también que la erupción se de en tierra y salga a borbotones, destruyendo la ciudad.

 

Aunque la Oficina Meteorológica de Islandia prevea una muy probable erupción en los próximos días, cabe una pequeña posibilidad de que finalmente, el magma nunca alcance la superficie.

 

¿Por qué Islandia es un lugar con tanta actividad sísmica?

 

La actividad sísmica de Islandia se debe a su situación geográfica y tectónica. El planeta está dividido en capas (núcleo interno, externo, mesosfera, astenosfera, litosfera y la corteza terrestre). La litosfera, la segunda capa más superficial, se encuentra dividida en placas tectónicas. En los límites entre una capa y otra se producen movimientos de convergencia y divergencia.


En la convergencia dos placas se juntan, lo cual puede dar lugar a movimientos de subducción entre placas de diferentes densidades (una “absorbe” a la otra) y de obducción, entre placas de igual densidad (ambas se desplazan hacia arriba por el movimiento de colisión).

 

Subducción Obducción


En la divergencia, dos placas se separan, dando así lugar a la salida de materia del manto del planeta. Este tipo de límites de placas se conocen también como bordes constructivos pues “construyen” la corteza mediante la salida de material del interior.


 

En el océano Atlántico se encuentra una formación tectónica conocida como dorsal oceánica. Se trata de una grieta en mitad del océano producida por la separación de dos placas. El océano Atlántico se encuentra “agrietado” de norte a sur por la Dorsal Atlántica, producida por la separación de cuatro placas: Euroasiática, Norteamericana, Sudamericana y Africana.


Hace alrededor de 25 millones de años, esta dorsal comenzó a expulsar materia del manto hacia la superficie por la separación de la placa Norteamericana y la Euroasiática. Esos materiales fueron acumulándose, alcanzando la superficie y dando lugar a la península de Islandia.


Por tanto, la localización de Islandia en una zona de tanta actividad geológica como lo es la gran Dorsal Atlántica hace que sea un lugar donde los terremotos y volcanes son muy frecuentes. De hecho, en los mapas donde se registra la actividad magmática de la península y la localización de los principales volcanes, puede apreciarse cómo coincide con la zona por la que la dorsal atraviesa Islandia.

 

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